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El 20 de julio de 1810

 

Después de esta fecha nuestro país comenzó a vivir uno de los episodios más agitados de su vida política: rompió con la Corona Española, gestó un movimiento independentista y luchó por consolidar un proyecto de una república autónoma y libre.

1. Los antecedentes

La independencia de las colonias inglesas de Norteamérica, consolidada en 1783, abrió el camino de esperanza para muchos reformadores. Casi simultáneamente surgieron movimientos revolucionarios liderados por la burguesía en Suiza, Holanda, Bélgica y Polonia. Luego, en 1789, la gran revolución de Francia, con su monarca decapitado y sus enunciados de libertad e igualdad terminó de conmover al mundo. (Vea aquí la línea del tiempo del Ministerio de Cultura para conocer todos los sucesos que llevaron a la independencia).

Para algunas monarquías más perspicaces lo sucedido en Francia y la consecuente ebullición de ideas democráticas fueron un aviso de la necesidad de aplicar cambios y correctivos mediante reformas liberales. No lo entendió así la corona española que lo asumió como un llamado a redoblar la vigilancia y endurecer posiciones autoritarias. Así se percibió en el virreinato de la Nueva Granada y en otras colonias, donde las relaciones con las autoridades españolas se volvieron cada vez más tirantes y los criollos, hijos de españoles nacidos en América (entre ellos Simón Bolívar), se sintieron alejados del poder y frenados en sus aspiraciones de compartir el mando.

Sin embargo, España no contó con la ocupación de la península Ibérica por parte de los ejércitos de Napoleón Bonaparte y la imposición de su hermano José como rey de España y sus dominios en todo el planeta. Dicha coyuntura permitió que esos aires de cambio que ya se cocinaban por toda América adquirieran la intensidad necesaria para iniciar una lucha que tomaría varias décadas y acabaría por transformar en repúblicas democráticas las provincias españolas asentadas en este lado del mundo.

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